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Hechos policiales y delitos registrados en la zona de Mar del Plata.

Se trata de Marcela Noemí Barraza, de 35 años, quien permanecía desaparecida desde el jueves. Su exconcubino Eduardo Alfredo “Cebolla” Orbe, de la misma edad, la desmembró y luego se quitó la vida

Eran cerca de las 8 de la mañana cuando sonó el teléfono del fiscal Juan Pablo Lódola. La policía le informaba el hallazgo del cuerpo de Eduardo Alfredo “Cebolla” Orbe, de 35 años, ahorcado en la rama de un árbol, justo en la puerta de la cancha del Club Urquiza. Para Lódola no fue una noticia más, hacía días que trabajaba en una pista que lo tenía a Orbe como eje. Marcela Noemí Barraza, de la misma edad, estaba desaparecida desde el jueves a la madrugada. La mujer era la expareja de Orbe, y él el principal sospechoso de su destino incierto. Por eso la decisión del fiscal fue inmediata: rastrillar los alrededores del hallazgo en busca de algún indicio de lo que ya parecía leerse como seguro. Dos horas después, el torso de una mujer enterrado a 20 metros del destino final de Orbe confirmaba, a prima facie, el crimen. Eduardo Orbe había asesinado a su mujer y después de descuartizarla y enterrar por separado cada una de sus partes, decidió quitarse la vida.

Diecisiete años llevaban juntos. Dos meses atrás, Marcela no quiso seguir. No trascendió el por qué y tampoco importa. Lo cierto es que Cebolla se fue de su casa y ella quedó con sus tres hijos, dos de Orbe y una -la mayor- de una pareja anterior. Durante esos dos meses que estuvieron separados Orbe perdió la cabeza. Sumido en una profunda depresión acosaba telefónicamente a Marcela y le rogaba que volvieran a vivir juntos. También la buscó en su casa, pero ella se mantuvo implacable. Ya no quería estar con él.

En el barrio Las Heras vive el padre de Orbe. Aproximadamente a cinco cuadras de Mario Bravo y Rufino Inda, lugar donde ayer encontraron colgando de una soga a su hijo. Ahí había ido a vivir Cebolla cuando se fue de su casa. Los vecinos dicen que Cebolla estaba deprimido, que deambulaba por el barrio sin sentido y que se lo veía como ensimismado. Nadie sabe qué pasaba por la cabeza de ese hombre. Lo que sí se pudo saber es que el jueves a la madrugada él atendió el celular de Marcela cuando se ausentó de su trabajo.

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Fuente: diarioelatlantico.com